jueves, 30 de marzo de 2017

TANGO- Victor Lavallén en Concierto - Con Vídeo | Cultural Lomas | Vía Yrigoyen


El maestro Victor Lavallén es uno de los pilares donde se fundó la corriente del tango de los años 50 y 60; junto a otros grandes  como Troilo, Pugliese, Rovira, Piazzola, Julian Plaza y el Sexteto Mayor,. Marcaron el cambio de lo  que hoy conocemos como tango de vanguardia y la forma actual de interpretarlo. Es un lujo, escuchar la orquesta de éste pionero. Aquí Fragmentos de los temas interpretados .
Además , y es muy importante destacar que en en Teatro Municipal de Lomas hay exhibición de pinturas    de artistas Lomenses  , que se renuevan por las de otro cada 15 días.






FELIZ CUMPLEAÑOS SEÑORA BIBLIOTECARIA 


Les copio la biografía del maestro preparada por Nestor Pinzon  de Todo Tango

Nació en Rosario, provincia de Santa Fe. Debieron pasar algo más de cincuenta años para que decidiera dejar de ser «un muchacho de la orquesta», ocupando un lugar en la línea de bandoneones. En varias oportunidades declaró ser persona de bajo perfil, quizás el ideal para ser invitado por algunos directores como refuerzo para las grabaciones o, como ocurre en la actualidad, ser el director de la Orquesta Escuela Emilio Balcarce, o bien director de la Orquesta de la Municipalidad de Lomas de Zamora (ciudad colindante a la ciudad de Buenos Aires).

Qué mejor para los muchachos que tenerlo a él como maestro. Pero este tanguero no comenzó con la mirada puesta en el fueye sino en la trompeta y, sus oídos, en el jazz. Por suerte cerca suyo, rondaba un tío bandoneonista que trabajaba en orquestas rosarinas, Héctor Chera, hermano de su padre Luis (director de orquesta), quien no sólo lo entusiasmó con el instrumento sino que le enseñó y lo fue formando.

Con muy poca experiencia se largó a Buenos Aires con no más de catorce años y, en el Picadilly, aquel local que estaba en el subsuelo de la calle Corrientes casi Paraná, consigue ingresar en una agrupación pequeña llamada Los Serrano, a cargo de un señor Eduardo Serrano que lo despidió al poco tiempo.

Más adelante fue a estudiar, durante largos meses, con Eladio Blanco, músico de Juan D'Arienzo. Ya con mejor respuesta, volvió a la orquesta de Serrano y permaneció a su lado un par de años. Durante aquel tiempo de estudio alternó en la agrupación de Antonio Arcieri —violinista decareano que falleció poco después, el 5 de mayo de 1952—, y en la de Lorenzo Barbero.

Desde 1951 hasta 1954, estuvo con Miguel Caló, que incluyó una recordada gira por tierra brasileña y también grabaciones. Es digna de elogio su participación en varios discos, entre los que podemos citar a “En fa menor” (de Roberto Caló) y “El chamuyo” (de Francisco Canaro).

Sin obedecer un orden cronológico, es importante citar su tránsito por las orquestas de Ángel Domínguez, Miguel Nijensohn, Enrique Francini y Joaquín Do Reyes. Fue primer bandoneón del pianista Juan José Paz cuando acompañó a Elsa Rivas, en su plenitud como cancionista; también ocupó ese lugar con Atilio Stampone e integró la formación que acompañaba a Armando Laborde y Alberto Echagüe, en el breve lapso que estuvieron fuera de la orquesta de D’Arienzo.

Hubo otros trabajos hasta que llegó el momento de su consagración definitiva cuando, en 1958, ingresó a las filas de Osvaldo Pugliese, para integrar la inolvidable línea de bandoneones junto a Osvaldo Ruggiero, Julián Plaza, Ismael Spitalnik y Arturo Penón.

Fueron diez años de músico y arreglador, inmerso totalmente en el estilo y el espíritu del maestro. Alguna vez me comentó que Pugliese insistía a sus músicos que intentaran componer y hacer sus arreglos, a fin que la orquesta no resultara monótona. Era una forma de que, sin perder su particular secuencia rítmica, pudiera escucharse algo nuevo. Y así fue. Cada uno aportó lo suyo, y es posible que esa haya sido la causa por la que don Osvaldo siguiera tan vigente hasta su fallecimiento.

En cuanto a esta modalidad impuesta por Pugliese a sus muchachos respecto a los arreglos, Víctor me contó que generó algunos pequeños disturbios: «Como todos opinaban, ocurrían discusiones fuertes, varios tenían su trabajo hecho y no lo podíamos escuchar porque dos o tres decían que el que corría era el de Emilio Balcarce o el de Penón, por ejemplo, y uno que había hecho el suyo se quedaba con bronca. Ahora si yo con mi orquesta tuviera mucho trabajo me gustaría que los músicos compusieran y arreglaran porque así se irían formando». Y más adelante agregó: «hoy las orquestas se acabaron, de las que llevan años en la lucha están la de Leopoldo Federico y Rodolfo Mederos y alguna otra reciente, pero se trabaja poco, o son contratados para eventos especiales o para el turismo, no hay campo de acción y el baile, que sí funciona, se arregla con discos».

Volviendo al repaso de su trayectoria, llegamos al año 1968. Pugliese estaba enfermo y había otras cuestiones. Alguno de sus muchachos comenzaron a reunirse para tocar como sexteto y, en poco tiempo, sobrevino la retirada definitiva. Así nació el Sexteto Tango.

Ruggiero y Lavallén (bandoneones), Emilio Balcarce y Oscar Herrero (violines), Alcides Rossi (contrabajo), Julián Plaza (piano) —al que llegó después de tantos años portando el bandoneón— y el cantor Jorge Maciel.

Estuvo 19 años consecutivos con el sexteto, hasta que decidió retirarse. A partir de ese momento, participó en dos formaciones: la Orquesta Municipal del Tango entonces dirigida por Carlos García y Raúl Garello y la Orquesta Color Tango junto a Roberto Álvarez (bandoneón), Carlos Piccione y Fernando Rodríguez (violines), Amílcar Tolosa (contrabajo), Roberto Cicaré (piano) y Juan Carlos Zunini (tecladista).

Luego participó en el espectáculo Forever tango, con un grupo de músicos, cantores y bailarines, que recorrió Estados Unidos y Canadá. El director orquestal era Lisandro Adrover, y el cantor, nuestro amigo Alfredo Sáez.

En 2007, y dirigiendo su propia orquesta, graba un disco con el título, Amanecer ciudadano, editado por el sello EPSA que contiene diez temas, combinando tangos clásicos y páginas propias como: “Amanecer ciudadano”, “Meridional”, “A la sombra del fueye”, “Mistongueando” y “De norte a sur”.

En el 2010, hizo su segunda producción discográfica con el titulo Buenosaireando, junto a Alejandro Bruschini (bandoneón), Pablo Estigarribia (piano), Silvio Acosta (contrabajo) y Washington Williman (violín). El compacto tiene 12 temas, en los que se destacan dos composiciones suyas: “Buenosaireando” y “Romance de primavera”.



Les copio dos notas desarrolladas por el diario Clarin
Víctor Lavallén, emblema de un tango sin tiempo
Por

Federico Monjeau


El bandoneonista, fundador del Sexteto Tango, tiene disco nuevo, “Atemporal”.
Víctor Lavallén es un histórico del tango. Nacido en Rosario en 1935, bandoneonista de Pugliese entre 1958 y 1968, miembro fundador del Sexteto Tango, actual director de la Orquesta Escuela, compositor y arreglador, Lavallén es una figura emblemática del género, aunque a su modo nunca dejó de renovarse.
El músico acaba de volver al ruedo con un disco notable, Atemporal, al frente de la orquesta que integran instrumentistas mucho más jóvenes que él, dos de los cuales también componen y hacen sus propios arreglos: Alejandro Bruschini, en bandoneón, y Pablo Estigarribia, uno de los pianistas más talentosos de la escena actual. Completado por Washington y Leonardo Williman en violines, Silvio Acosta en contrabajo, Germán Martínez en teclados y el cantor Hernán Lucero, el flamante álbum se presentará próximanente el el Centro Tasso.
En la música de este álbum, en especial en su propia composición que da nombre al disco, “Atemporal”, pero incluso en las piezas más melódicas como “Margarita Gauthier”, hay una fuerza y un tipo de acentuación rítmica que remite a Pugliese.
Pugliese me marcó completamente. Yo ya de muy chico escuchaba todas las orquestas, y Pugliese siempre me impactó. Me tiraba eso. Yo lo iba a escuchar a los clubes de Villa Urquiza. Me gustaba mucho, como los pibes de ahora que van a oír sus grupos de rock y se ponen sus tachas y cadenas... bueno, lo mismo. Pero mi entrada en esa orquesta fue muy curiosa...
¿Por?
No estaba previsto que yo tocara en esa orquesta. Yo era amigo de Ernesto Romero, el pianista que alternaba con Pugliese, y se me ocurrió preguntarle si no podía tocar con ellos. Figúrese, adelante mío estaban Julián Plaza, Libertella, Baffa, unos cuantos... Yo era un pibe de 24 años, pero en las orquestas de esa época no querían gente muy conocida, sino gente tranquila para tocar en los boliches. Para colmo, Pugliese nos hacía escribir los arreglos. Ahí empecé mi carrera de arreglador.
¿Cuál es su filosofía del arreglo?
Muy sencillo: escribir lo que se me ocurra, pero siempre respetando las reglas del género. Nuevas ideas, pero siempre dentro del género. Es como decía Mariano Mores. Una vez estaba preludiando algo en el piano y yo le digo: “Qué lindo eso que estás haciendo, Mores”. Y él me respondió: “Eso es para los músicos, no para la gente”.
Es una divisoria medio drástica.
Pero es así. Hay que hacer lo que uno siente, pero respetando el género. Si no, la música no llega. Por eso a veces los chicos se confunden. Se creen que porque ponen un bandoneón con un cuarteto es tango. Tal vez musicalmente está muy bien, pero no se entiende nada. Y yo me digo: está muy bien, pero ¿de qué van a laburar? Van a tocar para ellos pero no van a vender un solo disco.
Pero los jóvenes hoy parecen bastante conectados con la tradición del tango. ¿No es así?
Sería deseable. Yo en la Orquesta Escuela Emilio Balcarce siempre les digo que se apropien de las cosas. Que si les gusta algo de Piazzolla, de Pugliese, de Fresedo, tómenlo. Porque eso lo enriquece. Después la personalidad va a surgir sola, sin pensarlo.
¿Cómo es el trabajo en la Orquesta Escuela?
Bueno, los chicos se anotaron en marzo del año pasado, les tomamos la prueba de instrumentos. Hay doce violines, seis bandoneones, un montón de buenos músicos. No enseñamos el instrumento, enseñamos el tango, los distintos estilos... Le muestro el acento de Pugliese, los colores del tango, que es algo muy difícil y hay que estudiar mucho. Este año invitamos a los directores: Leopoldo Federico, Raúl Garello y otros, para que vengan a dirigir con sus arreglos. En dos años saben cómo se toca el tango. Después la cosa queda a criterio de ellos. Lo que sí le puedo asegurar es que estos jóvenes estudian mucho, mucho.
Nota diario Clarin  17/07/2016

Víctor Lavallén: todos los yeites del tango

Ariel Pérez Guzmán
Están por llegar los músicos de la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce. Hay ensayo, como todos los martes y jueves. “Yo lo que puedo hacer es enseñarles un poco los yeites de la orquesta, porque los chicos que vienen ya son muy buenos”, dice el maestro del bandoneón Víctor Lavallén, director de la orquesta desde 2011 y figura del tango porteño.
Su historia empezó con una trompeta, a los 8 años, imitando a Louis Amstrong y a Harry James y deslumbrado con las big bands de jazz. “Yo soy de Rosario y vine de muy chiquito, con mi mamá y mis dos hermanas. Vine a vivir a Palermo, en esta misma calle, en Gorriti. ¿Y sabés quién vivía a una cuadra? Aníbal Troilo, el gordo Pichuco. Mi vieja andaba con la madre, así como vecinas. Pero yo al tango no le daba bola. Pero le dijeron a mi vieja: ‘Ojo, mire que la trompeta es medio peligrosa, por los pulmones’, qué se yo, todo mentira, antes estaban esas creencias raras”.
Toda una familia de músicos la de Víctor: abuelo, padre y tío bandoneonistas, y todos hinchas del tango. “Así que a los 11 ó 12 años empecé a estudiar bandoneón con Eladio Blanco, que era músico de D’Arienzo. Tenía un montón de alumnos, como 100 tenía, mirá vos la cantidad … Antes había mucho trabajo y faltaban músicos, entonces este maestro mandaba alumnos a algunas orquestas. Y resulta, cuando yo ya tenía 14, que hubo una vacante en una orquesta que se llamaba Los Serrano y tocaba en Picadilly. Sabés … me sacaron a escobazos. Me aguantaron una semana y me llamó el director: ‘No, pibe, usted no ve una. Tiene que empezar con orquestas de barrio’. Y tenía razón. Pero quedé hecho bolsa, no quería tocar ni estudiar más … Y a la semana el maestro me dice: ‘Me llamaron los tipos de la orquesta y quieren que vayas’, ‘¿Pero cómo?’, le digo yo, ‘Si me echaron’. Claro, como no había músicos y había baile todos los días ... Nosotros estábamos en Picadilly de 6 a 9 y después de 10 a 2 de la mañana venían Pugliese o Francini-Pontier o a veces Gobbi”.
Las orquestas en las que Víctor trabajó son muchas, los grandes a los que acompañó también: Miguel Caló, Atilio Stampone, Enrique Mario Francini, Mariano Mores, Roberto Goyeneche, 20 años con el Sexteto Tango. Y sobre todo, Osvaldo Pugliese. “Con Pugliese empecé así: en radio El Mundo me encontré con un amigo que trabajaba con Pugliese. ‘Che, Romero, me enteré de que se va un bandoneón’. Yo le dije por decir … En las orquestas de ese momento estaban Plaza, Libertella, Stazo, Baffa, tipos muy famosos. Pero en Pugliese no querían carteles, querían desconocidos y justo estaba yo ... Empecé el 1° de enero del 59. Nos íbamos de gira y ahí estaban Osvaldo Ruggiero, Mario Demarco, Ismael Spitalnik, Emilio Balcarse, Oscar Herrero, Jorge Maciel, Miguel Montero, todos tipos de fuste. El primer baile fue en Dolores, nunca había tocado para tanta gente”.
Víctor ha dejado arreglos inolvidables como Gallo ciego, Adiós Bardi, Bandoneón arrabalero o los que hizo sobre tangos de su amigo Julián Plaza. Y grandes composiciones propias como Meridional, De norte a sur o Amanecer ciudadano. Hoy, además de estar al frente de la Orquesta Emilio Balcarce (dirigida primero por el propio Balcarce y después por Néstor Marconi), a sus 80 años no deja que su bandoneón se quede quieto: continúa el trabajo con su trío (con Pablo Estigarribia en piano y Horacio Cabarcos en contrabajo presentaron en diciembre el disco De menor a mayor y están preparando uno nuevo), dirige la Orquesta Septimino y la de Lomas de Zamora.
“Con la gente que trabaja conmigo –dice– sigo el sistema de Pugliese. Ahí había que ser arreglador. Él no quería arreglar siempre, porque si no salía todo igual. Son variantes, si hay cinco tipos que escriben, todos van hacia una misma forma pero son distintos ...Porque yo no escribía como Plaza o como Ruggiero, Balcarce no escribía ni como Plaza ni como yo. La orquesta de Pugliese era una cooperativa, entonces se repartía el dinero. Hubo una vuelta que Ruggiero ganaba más que Pugliese, porque había que hacer mérito ahí. Entonces Pugliese se había quedado mucho y dijeron: ‘Le vamos a bajar el puntaje’ –y la risa de Víctor parece la de toda la orquesta. Y le bajaron la guita ¡A Pugliese! Mirá vos ...”.
Aquel chico asombrado con el jazz hoy ya se ha acostumbrado a ofrecerle a Nueva York la música suya. Dirigiendo la orquesta de Forever Tango recorrió el mundo durante 15 años y fue aplaudido en Broadway. Y a pesar de no querer seguir viajando tanto, la tierra del jazz lo recibe otra vez: “Dentro de poco me voy con el trío a Estados Unidos, vamos a hacer una escuela con músicos de todos lados que quieren saber los yeites del tango”.


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